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WILD
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WEST

LEJANO OESTE AMERICANO

WILD, WILD WEST

TEXTO Y FOTOS: LUCÍA VÁZQUEZ

EL CAÑÓN DEL ANTÍLOPE

El auto está lleno de polvo naranja, tiene un poco de arena en el motor y alguna que otra abolladura (en el Lejano Oeste, lo raro es que los animales no se crucen). Mis zapatillas están igual de sufridas. El pelo enredado por el viento. La piel tostada. El cielo está despejado y la sensación térmica sube hasta los 42 grados, pero sabemos que en cualquier momento la temporada de monzón puede aparecer y castigarnos con sus tormentas eléctricas cual martillo de Thor.

Ese es el temor más grande de los guías en el Cañón del Antílope, una grieta de 37 metros de profundidad resultado de la erosión de arenisca del desierto de Arizona durante miles de años. Su origen es su trampa: durante el verano, las inundaciones a causa del monzón son repentinas, y pueden dejar atrapados a los turistas entre sus estrechas paredes. Las precauciones para evitar este tipo de desastre aumentaron después de 1997, cuando once personas murieron en el lado inferior del cañón, conocido como Lower Antelope Canyon, donde pronto descenderemos.

“Antes de la conquista europea, toda esta zona estaba llena de antílopes. Pero ya no queda ninguno. Todos fueron cazados”, se lamenta nuestro guía Ro, descendiente de indios navajos, mientras caminamos hacia el borde del cañón.

Con una población de más de 300 mil personas, los navajos son la segunda nación indígena estadounidense más grande. Concentrados en Arizona, Utah y Nueva México desde antes del siglo XV, tuvieron su primer choque con el ejército norteamericano en 1846, lo que derivó en una serie de conflictos hasta el Tratado de Bosque Redondo en 1868, por el que se creó la Reserva Navajo, tierra que ahora piso.

Una escalera empinada, estrecha y un tanto resbaladiza es la única manera de entrar al Lower Antelope Canyon, pero el esfuerzo es de inmediato recompensado una vez abajo, entre las paredes color naranja intenso cuando les da el sol, y moradas en las sombras.

“Los navajos llamaron al Cañón Superior ‘Tsé bighánílíní’, es decir ‘Lugar donde el agua corre entre las rocas’, y al inferior ‘Hasdestwazí’, que significa ‘Arcos espirales de roca’”, cuenta Ro –y pronuncia con facilidadmientras encaramos el recorrido de 400 metros a través de pasajes angostos que llegan a ser de apenas cincuenta centímetros de ancho. Una hora después salimos a la superficie, donde nos espera una huella fosilizada de dinosaurio velociraptor. El territorio navajo está lleno de sorpresas.

LA CURVA DE LA HERRADURA

A 16 kilómetros del Cañón del Antílope, un escueto cartel a un costado de la Ruta Estatal 89 indica “Horseshoe Bend”. Van a ser las cinco de la mañana, y esperamos capturar a esta curva pronunciada nacida del curso del río Colorado bajo la mejor luz del día: el amanecer.

Tal como nos había dicho nuestro guía en el Cañón del Antílope, a diferencia del resto de los atractivos naturales en nuestro itinerario, se accede de forma libre. Sólo basta dejar el auto en un estacionamiento rústico a la vera de la ruta y largarse a caminar dos kilómetros con linternas por el vasto desierto de Arizona, atravesando un declive tenue hasta llegar al borde del acantilado.

Una vez allí, el espectáculo es tan único como peligroso, no hay nada que resguarde del precipicio de 300 metros de altura, constantemente desafiado por fanáticos de las selfies extremas. Abajo, una gran roca que forma parte del Cañón de Glen se alza cual islote en medio de un río, simulando la herradura de un caballo.

VALLE DE LOS MONUMENTOS

Cuando la Gran Depresión golpeó a Estados Unidos en la década de 1930, Harry Goulding, el dueño de un importante punto de comercio en Monument Valley, se aventuró en un viaje hasta Hollywood con su esposa y los últimos sesenta dólares que le quedaban. ¿La meta? Mostrarle al director de cine John Ford los paisajes de la meseta de Colorado como locación para sus películas, y así sacar a flote la economía de la región. Un par de días después, John Ford y su equipo de producción estaban instalados en el valle para filmar “La Diligencia”, el clásico de western de 1939, protagonizado por John Wayne.

SEIS MILLONES DE AÑOS ATRÁS LA CORRIENTE DEL RÍO COLORADO SOCAVÓ CADA RINCÓN DE ESTA GRAN MESETA

El Valle de los Monumentos forma parte del imaginario colectivo norteamericano, es un ícono del Lejano Oeste y el escenario que todos piensan al oír “western”, pero aun así pocos se adentran en los caminos de ripio de esta Reserva Navajo y conocen su historia.

Ubicado en la frontera sur de Utah con Arizona, desde el siglo XVI fue hogar de los indios Navajo, quienes todavía hoy dominan la zona. Mientras recorremos la primera parada en el circuito turístico de 27 kilómetros, escucho a un guía navajo explicar sobre las formaciones rocosas, “los monumentos”, que se levantan frente a nosotros y que caracterizan al valle: “Esas rocas de arenisca son The Mittens y Merrick Butte”. Tienen entre 261 y 313 metros de altura cada una”, dice mientras señala tres grandes maravillas geológicas. Las dos primeras parecen guantes mitones con pulgares hacia arriba, la otra, una mesa.

Los navajos o Diné, consideran a “The Mittens” las manos de una deidad. Para la fortuna del pueblo, el aislamiento del valle y su aspecto inhabitable lo mantuvieron fuera del radar los conquistadores europeos, y también del interés de las tropas estadounidenses en el siglo XIX: “Los primeros soldados que exploraron el área la llamaron desolada y repulsiva”, dijo John G. Walker, un capitán de la Confederación en 1849, antes del estallido de la Guerra Civil norteamericana.

EL GRAN CAÑÓN DEL COLORADO

A 2200 metros de altura, un cowboy guía a un grupo de turistas en mula por las laderas del sendero “South Kaibab”, en el borde sur del Gran Cañón. Nosotros le seguimos el ritmo, prestando atención al estrecho camino de tierra que se extiende por once kilómetros cuesta abajo. Un paso en falso y terminaríamos en el río Colorado, donde se llega después de dos días de caminata, con permiso especial y acampe de por medio. “No intenten bajar en un solo día. No lo van a lograr y nosotros no los vamos a ir a rescatar”, ya nos había advertido un guardabosque en el Centro de Visitantes del Parque Nacional, y fue tan acertado como grosero.

Es inútil pensar cómo en un lugar tan poco amigable para el hombre, con un clima extremo e impredecible, precipicios mortales y animales salvajes, vivieron diversas comunidades indias nativas durante miles de años. Cuatro de ellas -Hopi, Hualapai, Havasupai y Navajo- actualmente poseen reservas dentro o en las cercanías del cañón, y mantienen gran parte de su economía gracias al turismo. Escapando de las multitudes atraídas por “Skywalk”, una pasarela de vidrio a 1400 metros sobre el extremo oeste del Gran Cañón construida por el pueblo Hualapai en 2007, elegimos el punto panorámico “Matherpoint” para ver a este Patrimonio de la Humanidad en gran parte de su extensión.

Bajo la lluvia del monzón, las rocas milenarias con tonos azules, fucsias y violetas se iluminan con cada relámpago. Seis millones de años atrás, con esa misma furia, la corriente del río Colorado socavó cada rincón de esta gran meseta, dejando al descubierto una columna geológica de 446 kilómetros de longitud y profundidades de 1600 metros. Si hay un lugar donde temer el poder de la naturaleza y admirar el ímpetu humano que la desafió es aquí, en el Gran Cañón.

De arriba hacia abajo de la nota y de izquierda a derecha: 1. Cabalgata por south kaibab, el sendero más popular en el extremo sur del gran cañón; 2. Cada línea trazada sobre el cañón del antílope marca un distinto período de erosión del agua; 3. Además de tours convencionales, las compañías ofrecen excursiones diseñadas especialmente para fotógrafos; 4. Los rayos de luz que ingresan por la mañana son el efecto más buscado en el lower antelope canyon; 5. La curva de la herradura antes del amanecer, perfecta en luz y en soledad; 6. Los primeros rayos de sol en el desierto de arizona, a sólo diez minutos de la ciudad de page.

+ INFO


TEMPORADA BAJA: septiembre/octubre + abril a junio. A la hora de elegir cuál Cañón del Antílope visitar -Upper o Lower- considerá dos factores: la diferencia de precio y el tipo de acceso. El tour por el Upper cuesta alrededor de 50 dólares, mientras que por el Lower, 25. El Upper no requiere bajar escaleras empinadas ni trepar rocas; el Lower sí.   El restaurante Stagecoach, en el hotel Goulding’s Lodge, tiene una vista al Valle de los Monumentos y una buena oferta de desayuno. Se destacan los panqueques y los huevos rancheros. Tusayan es el pueblo más cómodo para alojarse cerca del borde sur del Gran Cañón. El hotel Premier Best Western, catalogado como el mejor en TripAdvisor, es imbatible por su desayuno y habitaciones. Eso sí: apenas un poco de tormenta monzón durante el verano y se les cae el wifi.   Alquilar una camioneta es una tranquilidad: los caminos en la zona del Cañón del Antílope y del Valle de los Monumentos son de arena y es fácil quedarse atascado con un auto bajo. De junio a septiembre es temporada de viento monzón. Como se desata de forma repentina, en especial durante la tarde, es mejor salir a la ruta temprano. Cuando nos íbamos de La Curva de la Herradura, cerca de las seis de la mañana, ya empezaban a llegar contingentes de turistas. Esencial: ir antes del amanecer.

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