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Fede Schwindt en Harlem NYC | Viajes que transforman

Quiero compartirles una experiencia que posiblemente para cualquiera de nosotros, en un día normal -atrapados por la rutina- no nos hubiese pasado.

Lógico, me incluyo en el “nosotros”, porque así es como vivimos en general; pero, sin dudas, momentos sencillos como éste que les traigo, podrían sucedernos si nos damos la posibilidad de estar un poco más atentos al entorno, a quiénes están al lado nuestro; y no sólo moviéndonos cegados de un punto a otro… Suena difícil, pero estando dispuestos podemos generar algo bueno en otros y en nosotros mismos.

La semana pasada -martes por la mañana- salía de una reunión cerca la “Gran Estación Central” de Manhattan, NY. Tomé el subte, siguiendo mi agenda, me iba a visitar un museo y paseo turístico por el norte de la ciudad. Pero mis planes estaban por cambiar…

Unas estaciones antes de llegar veo al lado mío una pareja de señores mayores, orientales, tratando de entender un mapa y mirando algún cartel que les indique en qué estación estaban. Me acerco y les pregunto para dónde iban, si podía ayudarlos.
Me preguntan por 2 estaciones diferentes, -una ya la pasamos; para la otra faltan 2- les dije. 

Uno de ellos no hablaba ni una palabra en inglés, el otro perfecto me responde que buscaban 2 catedrales muy importantes en esa zona. Yo sabía dónde estaban ambas, bastante visitadas por los turistas y las tenía en agenda para visitarlas en algún momento también. 

Como ví que mis indicaciones del “cómo llegar” no les cambiaba su cara de perdidos, decidí cambiar el resto de mi día e ir con ellos, sin saber en ese momento que esto traería una recompensa. Conocía bien esa zona, me había hospedado varios días por ese barrio. 

Después de ese rato guiándolos por el área; qué hacer entre un lugar y otro, y cómo moverse según las distancias; me pidieron que les recomiende alguna zona para comer, y me invitaron a almorzar con ellos en un típico “Dumpling House” (comida china!).

Ambos se manejaban con los mozos como si estuvieran en su Hong Kong, -ahí sí, jugando de local, y ya sin cara de perdidos-. Pidieron distintos platos bien típicos orientales para que pruebe. Los dos -uno en inglés, la otra con señas- me daban sus recomendaciones de cuál probar primero (dos personajes, y la comida buenísima). ¡Y todavía quedaba algo más!

Luego de comer, intercambiamos contactos y se ofrecieron a acompañarme al día siguiente en una visita que tenía programada por el Barrio Chino de la ciudad -uno de los más grandes e importantes-. Gracias a ellos y al conocimiento en detalle que tenían de la zona, me llevó prácticamente la mitad del tiempo que tenía pensado dedicarle.

 

Vivencias como éstas, que seguro todos tenemos, me dejan como enseñanza que no siempre “ganamos tiempo” moviéndonos cegados por nuestra rutina de un lugar a otro. Algunas oportunidades diferentes -sean sencillas o importantes- nos pasa por al lado, y a veces sólo miramos, pero no vemos.

-Contado y vivido por Federico Schwindt, Experto de Almundo en Nueva York.

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