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FER
NAN
DO

DE
NORO
NHA

La isla de la fantasía

Texto y fotos: Nicolas Anguita

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EN EL MEDIO DEL OCEANO

“já faz tempo que eu sai de casa… Pra viver no mar…”, cantan en ronda, abrazados por las manos, descalzos, al ritmo de un par de tambores. Es de noche, pero una infinidad de estrellas se refleja e ilumina las sonrisas de este grupito de personas orgullosas de quiénes son, dueñas de sus vidas. Algunos de ellos tuvieron la suerte de nacer acá, pero otros vinieron, se enamoraron y decidieron quedarse para siempre ¡qué coraje! Porque pensarlo, lo pensamos todos: quién pudiera vivir en este paraíso, en una isla llena de magia en medio del océano; quién pudiera criar a sus hijos en la naturaleza, jugar con ellos en la playa, comer pescados frescos, ver el recorrido del sol de este a oeste cada día. Ellos convirtieron el sueño en realidad, por eso cantan: “já faz tempo que eu sai de casa… Pra viver no mar…”.

EL PARAISO EN LA TIERRA

Fernando de noronha, tantas veces te quise conocer y, ahora que estoy acá, sos tanto más de lo que había imaginado: tus playas son más lindas, tu mar más cristalino. Tenés más lobos marinos, más tortugas, más delfines ¡y cuántos peces! Todos tus animales se acercan sin miedo, en paz con la naturaleza y con la gente, que se siente parte de vos, que te respeta. Porque el archipiélago entero es una reserva de vida silvestre en donde caben, como máximo, 600 turistas a la vez. Por eso hay que sacar turno y esperar hasta que alguien decida irse para poder entrar a tus dominios. Por eso también se paga una tasa de preservación ambiental por cada noche que uno quiera pasar en tu isla. El paraíso está en la tierra -sos vos- y tiene precio.

MARCIANOS DE LA ISLA

¿El lugar hace a la gente o la gente hace al lugar? ¿Primero fue el huevo o la gallina? Como sea, si Noronha es el paraíso, su gente no es de este planeta. Ellos caminan, no corren; cantan, no hablan; sonríen: no hay tanta cosa por la de qué preocuparse. No hay moda, no hay carrera profesional, no hay desórdenes alimenticios, no hay competencia desalmada, no hay créditos ni deudas, no hay violencia. Sí hay, tal vez, un poco de locura, pero locura linda, marcianos que no salieron de la isla en toda su vida, que no conocen otra cosa y piensan que así, así como Noronha, es todo el mundo. Quién pudiera.

ESTA LEJOS, PERO ES BRASIL

A quinientos kilómetros del continente, Fernando de Noronha está lejos pero sigue siendo Brasil. Acá se habla en portugués, se baila bien, se come peixe grelhado y camaro- nes a la milanesa, se toma guaraná, mucha cerveza y caipirinha, se anda en buggy, se surfea. En esta partecita del estado de Pernambuco se concentran las mejores playas de todo el país, y algunas que compiten por la punta en el ranking mundial, como Bahía de Sancho, de agua turquesa y arrecifes de coral, rodeada de acantilados que sólo per- miten el acceso a pie o desde el mar. Pero si de surfear se trata, Noronha también aloja una meca del surf internacional, Cacimba do Padre, coronada por el Morro Dois Irmãos, con olas que alcanzan los cinco metros en verano.

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